Lupus, Fibromialgia y Alzheimer: ¿Cómo puede la terapia ayudar a enfrentar estas enfermedades?

Introducción
El color morado fue adoptado para el mes de febrero como una forma de campaña de concientización sobre el Lupus, la Fibromialgia y el Alzheimer, principalmente para abordar la importancia del diagnóstico temprano para un tratamiento más efectivo para el control de los síntomas que provocan estas enfermedades. Antes de entrar en el tema de este artículo, es importante contextualizar las enfermedades en cuestión.
El lupus es una enfermedad inflamatoria autoinmune que provoca lesiones e inflamación en la piel (lupus cutáneo) y órganos internos (lupus sistémico) . Se puede diagnosticar mediante análisis de sangre y orina y no es transmisible. La fibromialgia tiene como síntoma más característico el dolor generalizado, que puede ser en los músculos, articulaciones o ambos, cuya duración supera los tres meses y no se encuentra la explicación orgánica, es decir, los exámenes médicos no encuentran explicación para dicho dolor.
También provoca cambios en el sueño y fatiga, además de cambios cognitivos, como dificultad para concentrarse y olvidos. Finalmente, el Alzheimer , popularmente conocido por presentarse con frecuencia en personas mayores, es un tipo de demencia neurodegenerativa que provoca síntomas como restricciones cognitivas, pérdida de memoria, irritabilidad, agresividad, entre otros.
Rolland (2007) clasifica las enfermedades crónicas en tres grupos: enfermedades progresivas, constantes y recurrentes o episódicas. Según esta clasificación, el lupus se considera una enfermedad crónica recurrente/episódica , la fibromialgia una enfermedad crónica constante y el Alzheimer una enfermedad crónica progresiva.
¿Qué tienen en común estas enfermedades?
En primer lugar, al ser todas enfermedades crónicas, no existe cura, pero un tratamiento adecuado y precoz aumenta considerablemente la calidad de vida de las personas que las padecen. El tratamiento varía entre los casos, pero la psicoterapia es parte esencial de todos ellos .
La enfermedad es, psicológicamente, un momento potencial de crisis, que requiere reacciones de ajuste. Cuando se trata de una enfermedad crónica, este potencial aumenta, ya que estos ajustes ganan peso en el largo plazo, trayendo eventuales limitaciones. Además, consideramos la enfermedad como una experiencia compleja que involucra aspectos biopsicosociales, es decir, biológicos/físicos, psicológicos (mentales, emocionales) y sociales, y por tanto una experiencia única para cada persona.
En un grupo de cinco personas con fibromialgia, por ejemplo, cada persona reportará un significado, causa y síntomas diferentes. Como señala Ayres (2004), “enfermarse también se configura histórica y socialmente”.
¿Cómo puede ayudar la terapia?
Ante esta complejidad, el tratamiento indicado por el modelo médico, que considera sobre todo el cuerpo físico, es insuficiente, pues “los determinantes de la salud se ubican fuera del sistema de salud” (Oliveira & Egry, 2000). Es entonces necesario integrar otras especialidades para lograr una buena calidad de vida.
La psicología hace uso de un “dispositivo tecnológico de destacada relevancia en las propuestas de humanización de la salud: la recepción” (Ayres, 2004), siendo este dispositivo presente en la terapia, cuyo diferencial de una conversación común es la calidad de la escucha. A través de la acogida, la persona puede sentirse más segura para vivir sus sentimientos y encontrar nuevas formas de afrontamiento.
Además, una labor importante de la terapia es trabajar la rendición de cuentas, entendiendo que “asumir la responsabilidad implica correr el riesgo de convertirse en garante de las propias decisiones” (Ayres, 2004), pero vale la pena comprar ese riesgo para ser protagonista. de su historia y su tratamiento.
La terapia también brinda un espacio donde es posible resignificar las experiencias para ayudar a crear nuevas formas de enfrentarlas de manera saludable a partir de los parámetros del propio individuo, lo cual es de suma importancia para lograr una buena calidad de vida. , además de contribuir a la reducción de la ansiedad provocada por estos padecimientos por el sentimiento de proactividad y protagonismo.
Consideraciones finales
Como señalan sabiamente Oliveira y Egry (2000), “desde el punto de vista del bienestar individual y del desempeño social, lo que cuenta es la percepción individual de la salud”, es decir, independientemente del diagnóstico médico, es posible vivir bien y con calidad de vida, y la terapia es un medio fundamental para ayudarte a conseguir este objetivo, ayudándote a desarrollar buenas estrategias de afrontamiento, protagonizando tu tratamiento y ofreciéndote un espacio acogedor.
Comentarios
Publicar un comentario